martes, 23 de febrero de 2010

LA CALLE DEL FAROL DORMIDO (1986) DE CÉSAR PÉREZ PIZÓN

Por: leidy Forero

Para Alejandra Jaramillo Morales “desde los años sesenta, la ciudad empezó a ser uno de los temas recurrentes en la Literatura Colombiana” . En esta línea se ubica La calle del farol dormido, de Cesar Pérez Pinzón (Alvarado, 1954) En esta obra cuentisticas, la ciudad es recreada mediante un lenguaje poético y sugerente.

Así se evidencia en el cuento, “Y aquella noche silbaba el viento”. Aquí se recrea la ciudad de Bogotá de las zonas del sur, donde sus habitantes experimentan la miseria, la suciedad y la indigencia. En esa Bogotá anónima y degradante conviven y/o sobreviven los habitantes de los edificios de la calle del farol donde “la humedad y el frio se atenúan por las persistentes brumas que se pasean por la ciudad como un sucio velo ocupado en opacar el fulgor de los astros” (15) .

En este escenario se desenvuelve la historia de María y Mateo. María vive ante la sumisión y el rencor que siente su esposo Mateo al enterarse que ella ha cometido adulterio. Como una forma de castigar a María y a su joven amante, Mateo le ordena a ella salir en su compañía hacia las frías y solitarias calles del farol. Durante el recorrido ella siente las miradas acusadoras de los vecinos y presiente una noche de malos augurios. Al llegar al asentamiento donde se encuentra su amante, María observa con tristeza la lenta agonía de Juan, propiciados por los golpes violentos de los secuaces contratados por su esposo. Juan finalmente muere entre las brumas y la suciedad de la calle del farol dormido.

En “Y aquella noche silbaba el tiempo” se representa la ciudad como un escenario abigarrado, empobrecida y donde los seres humanos son castigados por la ley que ha sido impuesta: “…y se da inicio al ajusticiamiento. Deben aporrearlo durante tres minutos, ni uno mas ni uno menos. Es la ley de la calle del farol” (34). Los personajes que recorren las calles del farol dormido no solo experimentan con fuerza el castigo al no cumplir la ley sino que sufren la soledad, la incomunicación y la crisis del sentido.

Los bares de la ciudad son el albergue del sin sentido, de la incertidumbre, son el albergue de Fabricio Ovelar: “Bebían como orates en las tabernas y estas repetían una tras otra en aquel sector donde vivía tal vez de los mas siniestros de Bogotá, cerca de la instalaciones de medicina legal, ese sitio donde los cadáveres eran destazados en una orgia truculenta”(93).

En estos lugares pestilentes, acompañado con la música de una rockola y una botella de alcohol, Fabricio Ovelar adormece sus frustraciones, la miseria y la angustia que lo invade al enterarse que su hija Angélica esta agonizando en un hospital de los Estados Unidos. El siente como un flagelo la ausencia de la hija a quien no ha cuidado como un verdadero padre.

En la suerte de Ovelar (historia a la que nos referimos anteriormente) los bares y las calles de la ciudad de Bogotá son los escenarios de los conflictos del hombre, un hombre que sucumbe ante la soledad, el sin sentido y la desesperanza y el abandono. Finalmente se puede decir que los relatos que integran esta producción cuentistica de Cesar Pérez pinzón expresan una visión urbana y las problemáticas que debe enfrentar el ser humano en la ciudad.

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