martes, 23 de febrero de 2010

LA OCTAVA PUERTA (1985) DE JORGE ELIECER PARDO

Por: leidy piedad Forero


“La literatura es un edificio enorme con miles
De ventanas abiertas y en cada
Ventana hay un par de ojos”
Julia Kristeva


Desde el título La Octava Puerta, se invita al lector a entrar y descubrir mundos posibles. Los cuentos que integran esta creación de Jorge Eliecer Pardo son la puerta abierta para encontrarnos con seres ficticios contradictorios, con la muerte, la vida cotidiana, los sueños y en general para comprender la realidad y la existencia humana desde la literatura.

La Octava Puerta es una obra que presenta elementos fantásticos, poéticos e intertextuales; dichas particularidades subyacen en cuentos como “Una vez el mar” y “Amor y navío”: ellos entablan un diálogo con la novela El viejo y el mar de Ernest Hemingway. En estas dos narraciones de Jorge Eliecer Pardo, el mar es el escenario para el encuentro y la pérdida de amantes que se sumergen en lo romántico, el deseo, el placer y el erotismo.

Es el caso del Huaraz (personaje de “Una vez el mar”) un viejo pescador quien queda atrapado en las redes del amor de una mujer llamada Iveth a la cual conoció y amó en la inmensidad del océano. Algo parecido le sucede al marinero Juan Guillermo en “Amor y navío”, quien sucumbe ante los encantos de Seucy, hija de un pescador. Ella desaparece extraordinariamente después de que el romántico marinero regresara de su travesía por el mar Atlántico durante dos meses. En este cuento se introducen elementos fantásticos a través de la aparición y desaparición de Seucy a quien el marinero busca impacientemente: “Tantas veces la buscó cuando abandonó el mar definitivamente- ese eterno espejo que le parecía siempre un camino sin retorno- pero fue inútil” (67).

En “Una vez el mar” y “Amor y navío” se maneja un tono poético y nostálgico producto de esas relaciones efímeras que nacen y mueren cerca al mar. Esa sensación de pérdida de alguien a quien se ama impregna a los personajes de una profunda melancolía y soledad. Tal como sucede con el marinero: “Desistió de borrarlo y llamar a otra mujer. Aprendió a vivir en su compañía y a viajar hasta su muerte en el velero que navegaba para siempre sobre un nombre lleno de secretos” (68).

La octava puerta nos lleva también a seguir las huellas del poeta modernista mas representativo en Colombia; José Asunción Silva. En la narración “Gotas amargas” se narra las vivencias de un poeta que después de presumir ante la sociedad sus triunfos económicos, literarios y sus viajes por Europa conoce la derrota y la miseria al no poder solucionar el descalabro financiero que llevó a su familia a la desesperación.

Es por eso que el poeta termina siendo un burócrata al servicio de los más poderosos, para ocultar su ruina ante la sociedad bogotana. En cierto modo el cuento de Jorge Eliecer Pardo hace una fuerte crítica frente a los escritores que se dedican a ejercer un cargo burocrático para surgir y ser reconocidos en el ámbito artístico: “ Tuvo que plegarse a las entretelas miserables del gobierno, pecado que muchos artistas han tenido que soportar en la somnolencia de la pobreza…” (87).

En este cuento se nos presenta un José Asunción Silva ignorado, fracasado, sin verdaderas ilusiones y que, refugiado en una habitación de un hotel escribe “Su libro con gotas amargas, con el recuerdo grato de una mujer que lo acompañó desde siempre” (89). La mala sombra estuvo presente en la vida del poeta colombiano quien entró en la zozobra al no poder recuperar, en la inmensidad del mar, sus manuscritos literarios y sucumbió, como su padre y su hermana Elvira, “En el abismo absurdo de la muerte” (88). Una muerte que Silva asumió como Poe, Baudelaire o como un romántico: “Con los ojos cerrados pensando en ella, la pistola en medio del corazón del hombre que aun está delineado en su pecho. Nadie escuchó la detonación y nadie pudo detener esa sombra larga llena de perfumes, de murmullos y de música de alas” (91).

En “Otra vez el chasquido de las botas” se entabla una relación intertextual con la novela El Jardín de las Hartman de Jorge Eliecer Pardo. En ambas creaciones existe, como lo señala el profesor Leonardo Monroy “Una tentativa para superar la violencia” . En “Otra vez el chasquido de las botas” la violencia en Colombia es recreada mediante un lenguaje poético con el que se busca darle una mayor profundidad y un tratamiento estético al fenómeno de la violencia, que se caracterizó por implantar el régimen del terror en la población civil. En este cuento, es el sargento Peñaranda quien con el simple chasquido de sus botas hace sentir ese aire de terror, violencia y muerte. Comenta el narrador del cuento: “Y se sentó a su lado en silencio, en silencio ambos, en silencio ellos que se llevaban el clas clas de las botas negras, ese chasquido de muerte entre la tierra floja y mojada” (96).

Apelando a las ideas de Gabriel García Márquez sobre la literatura de la violencia, se puede decir que “Otra vez el chasquido de las botas” es una obra que reflexiona sobre la violencia en Colombia para penetrar “al fondo de sus dramas desde el punto de vista mas bien psicológico, es decir, no describir el miedo, por ejemplo, sino plasmarlo, hacerlo sentir al lector”.

La Octava Puerta nos conduce a la comprensión de la literatura como reescritura y palimpsesto, en la medida en que conserva las huellas de escrituras anteriores y, en particular están presentes los rastros de la vida y obra de Jorge Luis Borges. Lo mencionado se percibe en la mayoría de los cuentos que integran el libro de Jorge Eliecer pardo: “Pequeño cazador del pasado”, “El hombre que calculaba”, “el regreso”, “Jorge Luis Borges y él”, “Variaciones de un asesinato” y “La octava puerta”. Todas estas historias son un universo borgiano porque allí se convoca al juego con el tiempo y el espacio, se presenta la oscilación entre lo real y lo fantástico y los personajes se desdoblan en su realidad y sueño.

En el cuento “La octava puerta” están presentes las características señaladas y en él se narra la historia de un argentino quien, después de redactar un manuscrito en la biblioteca, se sumerge en un sueño profundo que le permite viajar por lugares insólitos en compañía de una mujer llamada Lílit. Ella guía al argentino por una serie de puertas que lo conducen a mundos distintos. Al avanzar hacia un punto final, el hombre se encuentra en su casa agonizando y es cuando Lílit aparece para guiarlo por la octava puerta, que es la entrada hacia la muerte o a la eternidad: “percibió el olor a manzanas de Lílit y su mano por el rostro húmedo, al igual que su voz queda: “no te preocupes, esta noche traspondremos la octava puerta… entonces habremos triunfado” (83).

En “Variaciones de un asesinato” se percibe cierta intención de escribir una narración al estilo de Jorge Luis Borges; este cuento de Pardo entabla un diálogo intertextual con “Las ruinas circulares” de Borges porque en ambas historias el protagonista es un hombre taciturno que termina convenciéndose que él es producto del sueño de otro. Así se expresa en “Variaciones de un asesinato”: “soñó que estaba soñando y que en el sueño lo asesinaban. Entonces quiso despertar del sueño y lo logró abriendo los ojos de su otra cara, deteniéndolos pasos del homicida” (84).

El libro de Jorge Eliecer Pardo nos invita a atravesar los umbrales y las fronteras de lo real. De igual forma, La octava puerta es la posibilidad para viajar, caminar, encontrarnos o perdernos en los laberintos de la existencia humana, la imaginación y la literatura.

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