martes, 23 de febrero de 2010

MORIR ÚLTIMO (1980) DE GERMÁN SANTAMARIA

Por: Leidy Piedad Forero
Licenciada en Lengua Castellana


El fenómeno de la violencia sociopolítica en Colombia sirvió de referencia y temática para varios novelistas y cuentistas de la década de los sesenta y setenta, quienes reflexionaron sobre este flagelo nacional desde la creación artística. Germán Santamaría es uno de esos autores que retoma la violencia en Colombia para reelaborarla mediante un proceso de ficcionalizacion en el que se perciben otras formas narrativas para expresar y materializar dichos sucesos. En este sentido, la producción literaria y en particular los cuentos de este escritor Tolimense, se alejan del tratamiento truculento de tópicos como la muerte, el conteo de masacres, el maniqueísmo y el testimonio que caracterizó a la primera etapa de la literatura de la violencia.

Así se evidencia en su libro de cuentos Morir Ultimo, con el que fue finalista en el concurso Casa de las Américas y en el que incluye su creación “Tu sangre muchacho tu sangre” donde se presenta un soldado que narra la persecución que él realiza en la manigua para hallar a uno de sus enemigos, quien en el transcurso de su sufrida huida va dejando rastros de sangre causados por una herida producida en un enfrentamiento militar.

El final del cuento sorprende al lector, porque el soldado que está contando (en segunda persona del singular) paso a paso su labor de seguimiento, se impresiona al observar que su rival, a quien desea ejecutar para ser ascendido a cabo segundo es al parecer un conocido: “pero qué, dios mío tú , muchacho, tú, carajo, ¡ puta la madre! Tú, ¡Tilo Sánchez! Tilo Sánchez… eres tú… muchacho, Tilo Sánchez, cabron de mierda que soy yo, ¡carajo!” (100). Este desenlace es una de las cualidades del texto narrativo porque es contundente y genera una dimensión de sorpresa. Además, se logra detectar cierta relación intertextual con la obra de Juan Rulfo en el que los personajes son almas que deambulan por los llanos para recorrer sus pasos y ser las espectadoras de la desolación y la muerte.

En “Tu sangre, muchacho, tu sangre “se materializa el fenómeno del conflicto armado a través de técnicas literarias modernas, como la tensión y el monólogo directo, que es asumido por el soldado quien concibe la guerra como un simple espectáculo en el que solo importa asesinar en combate a sus enemigos para demostrar su valentía y recibir a cambio beneficios o ascensos.

Así pues, a medida que este personaje relata su persecución y la forma que empleará para derrotar a su adversario, deja entrever su posición frente al conflicto armado. Para el soldado y sus superiores, la violencia es un juego divertido o una cacería sangrienta donde no interesa preservar la vida humana sino buscar la forma más macabra para exterminarla. Lo anterior se evidencia cuando el soldado comenta: “Yo hubiera querido lograr el ascenso, como tantas veces no lo han dicho en las instrucciones, mas honrosamente, mejor dicho en un acto verraco, de puro hombre de armas” (100).

La alusión sobre el fenómeno de la violencia está igualmente presente en el minicuento “Morir Ultimo”; en este minicuento el narrador es un padre que, sabiendo que a su hijo le toca el turno de pertenecer a un grupo militar, le hace una ultima y contundente recomendación: “Mientras menos mueran de los nuestros mejor. No es miedo a la muerte, solo es querer que estén mas a la hora del triunfo. Uno siempre debe procurar morir ultimo” (77).

Con un lenguaje conciso y la brevedad que caracteriza los minicuentos, Germán Santamaría expresa la violencia en Colombia a través de géneros narrativos más contemporáneos. De esta forma “morir último” se aleja de las producciones de la violencia escritas y publicadas en décadas pasadas donde primó el testimonio o como lo señala Germán Vargas “el simple registro estadístico de genocidios incalificables”

Los personajes de este minicuento al igual que los demás protagonistas que transitan por el libro de Germán Santamaría se encuentran cerca de la muerte. Es por eso que ellos tratan de sobrevivir, salir ilesos del conflicto o asesinar primero a sus enemigos para no perecer y finalmente ser victoriosos de la guerra. Otro de los sentidos que genera el minicuento es el enrolamiento de la población campesina a esta violencia que es asumida como un deber, una responsabilidad y un acto de valentía.

Otro de los relatos que retoma la violencia en Colombia es “Las nubes del porvenir”. En este cuento se narra la historia de una familia campesina fascinada por los aviones que recorren los cielos de Armero. No obstante el encanto que producen las maquinas aéreas en las familias terminan cuando son utilizadas para bombardear los llanos y las montañas de la geografía Colombiana. Dicho accionar violento de las fuerzas militares sirve para tener el control territorial y, por tanto, de la población que habita en las regiones en disputa, generando al final “la subordinación o la expulsión de los habitantes que les toca vivir bajo el dominio de los actores armados”

En “Las nubes del porvenir” se hace alusión a una problemática nacional como lo es la incursión y la ayuda norteamericana al conflicto en Colombia: “Eran dos, pintados de blanco y azul, y con una bandera de rayas y estrellas doradas”. (71). Los aviones que en un principio son para los personajes la concreción de sus sueños, una marca de progreso y porvenir, pasan a simbolizar y, como lo indica la abuela Vitalicia, los gallinazos de la muerte y el comienzo de la violencia en la zona rural donde los protagonistas de esta historia llevaban una vida tranquila y desconectada de la civilización. Esa vida bucólica es ensombrecida por los “agentes del terror” (Gonzales) quienes hostigan a la población civil, cambian drásticamente su devenir e irrumpen abruptamente sus sueños e ilusiones. Así lo señala el narrador de este cuento: “el ambiente se ensombreció. Pasaron los primeros hombres armados, y luego persiguiéndolos los segundos hombres armados. De noche se oyeron los tableros de la ametralladora” (71).

La lexía anterior se puede relacionar con las ideas de Eduardo Pizarro quien señala las consecuencias de la violencia en Colombia donde “la guerra de aparatos que se libra en el país, que exige como condición para la supervivencia a la subordinación mediante el terror de las poblaciones que habitan las regiones que dominan uno y otro de los señores de la guerra” .

En Morir último la violencia se desenvuelve con múltiples consecuencias y va ligada a otras realidades. Una de ellas es los problemas y conflictos que generan la llegada de máquinas en unos trabajadores del campo, los cuales creyeron que con esos artefactos llegaría el progreso. No obstante sus sueños de salir adelante se derrumban cuando se enteran que esas máquinas han sido compradas por el patrón para reemplazar sus labores y de esta forma generar desempleo y miseria.

Bajo esta situación el campesino protesta por sus derechos. Sin embargo lo único que recibe de su empleador es hostigamiento y el accionar violento de las fuerzas militares quienes protegen los intereses de los más poderosos: “el ejército que se encuadró en cada recodo de la carretera y, en cada entrada a los cultivos, los hombres armados llegaron después, todo eso y mucho mas, es parte de otra historia para contar, mas triste o mas verraca” (56).

“Amorcito case” (cuento al que nos referimos anteriormente) entabla un diálogo con La Casa Grande del escritor Álvaro Cepeda Samudio (1926) porque se hace una crítica al Estado señalando el apoyo del ejército a quienes masacran a los trabajadores del campo para velar por los intereses capitalistas de compañías o personas extranjeras. Comenta el narrador del cuento: “Eso de reuniones, memoriales, solicitudes y mas solicitudes para hablarle a míster Frank, y luego para que no fuera mas hijueputa tuvimos que rodearle la hacienda, los muertos vinieron enseguidita”. (56).

Así mismo en “Amorcito case” se entreteje una paradoja porque el proceso de modernización e industrialización en las regiones rurales del país trae consigo el crecimiento de la pobreza y el desempleo. Precisamente en el texto” Desarrollo económico, violencia y modernidad” se indica que “la modernización no se impone en forma pacifica, sino que integra violentamente las diversas creaciones culturales y creencias a la racionalidad utilitaria, y desarrolla a un tiempo la economía de empresa y una cultura cuyo valor supremo es el dinero y la acumulación de capital” (Giraldo). Dicha afirmación es reflejada en míster Frank Comrelly: “…no tener que coger cosecha. ¡máquina hacer todo! Hombre descansar tierra producir mas, todo país, toda granja ganar mas dinero. Dinero es vida… Money is life fun and happiness” (40).

Esa insipiente modernización y que solo beneficia los mas poderosos se expresa en “Una luz en la noche”. Aquí se relata la historia de una familia humilde que vive en el campo y decide pedirle a Rigoberto Santos, un hacendado, que les brinde el servicio de la luz. Pero Rigoberto se niega y es por eso que José, integrante de la familia, decide conectar la electricidad a su casa, robándosela a este hacendado a través de una cuerda. Sin embargo Rigoberto se entera y manda a sus capataces para que asesinen a José.

Frente a la lectura de “Una luz en la noche” y de los demás cuentos que integran Morir último, el tópico de la violencia no se presenta como un espectáculo sangriento, sino que en ellos hay una interiorización del flagelo y una intención estética de recrear. En los cuentos antes reseñados las regiones rurales son los epicentros de las acciones violentas de los grupos militares que arrasan y acaban con las ilusiones y sueños de los personajes. De ahí que se percibe cierta crítica al ejército como los principales victimarios en esta guerra que aun llevamos a cuestas y que sigue siendo tema de ficción.

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