miércoles, 24 de febrero de 2010

MANIFESTACIONES DE LA AUTOCONCIENCIA DE ESCRITURA EN LA NOVELA "LA OTRA SELVA"

POR:Yuli Paola Romero y Angélica Estrada
Licenciadas en Lengua Castellana

La otra selva es una novela que expone abiertamente su condición como artefacto de ficción. En este sentido, desde las primeras páginas el texto literario presenta el ejercicio de la Autoconciencia Narrativa. A través de este recurso metaficcional la obra tematiza y revela una reflexión profunda sobre el sentido de la escritura literaria, las inquietudes, temores, obsesiones, insatisfacciones y dificultades que enfrentan los escritores durante su proceso creativo.

La Autorreflexividad Literaria es asumida en la obra por cuatro voces narrativas que se alternan continuamente: El narrador espía, José Eustasio Rivera, Alicia y Claire Weingest. De este modo, encontramos personajes que a la vez participan como narradores de su propio relato, acompañado de comentarios sobre las circunstancias que rodean el desarrollo de su invención. Así, novelas metaficcionales como La otra selva se alejan de la noción de un narrador omnisciente para dar paso a una estructura dialógica en donde intervienen una variedad de narradores-escritores, quienes ponen a funcionar la conciencia, de modo que se genera un “giro de la narrativa hacia la introspección: la acción se concentra en la conciencia del protagonista, una conciencia que ahora puede incluir la conciencia misma de la ficción” .

Es precisamente desde la configuración de un discurso ficcional polifónico, y aprovechando elementos del género policíaco que se logra reconstruir o armar el rompecabezas, sobre los últimos días de vida del poeta colombiano José Eustasio Rivera en la ciudad de Nueva York y los extraños acontecimientos que precedieron su muerte inesperada vinculada con la composición de su novela La Mancha Negra, en la que denuncia la corrupción ejercida por algunos políticos colombianos residentes en los Estados Unidos. Cabe indicar, que gracias a las técnicas como las cajas chinas, la fragmentación y la proliferación de voces, se acentúa la Autorreflexividad de la novela. Así mismo, estas técnicas “brindan, una dimensión distinta y por tanto un elemento lúdico que se verá reflejado en el lector como creador” , quien es el testigo de cómo todas las voces narrativas son conscientes de su trabajo creativo y de esta forma presencia la fabricación del artefacto de ficción. Para Domingo Ródenas, en las producciones metaficcionales, el lector se encuentra con una expansión textual de la función comentativa del narrador, que puede “explayarse en disquisiciones ensayísticas sobre el arte de novelar o de escribir” . En cualquiera de estos casos el texto novelístico, pone de manifiesto su naturaleza artificiosa y el hecho de haber sido construida con palabras y mediante una serie de estrategias narrativas.

Lo anterior se observa en La otra selva, en la que se explicitan comentarios en torno al género policíaco, la configuración de personajes y en general sobre el significado de la escritura en la vida de sus narradores. El resultado no podría ser otro que llamar la atención del lector sobre su condición de obra de ficción y permitir que este tenga la función de narratario-creador, es decir, debe participar en la construcción y reconstrucción de la novela. Algunas muestras de esta función autoconsciente se ven cuando el narrador espía se dirige al lector:


…Pero, te lo repito de nuevo, querido lector: ser el espectador de las pequeñas miserias de los demás; ser espectador, incluso, de sus grandes goces, no es nada fácil: acabas metido en sus carnes, en sus miedos, en sus temores, en sus tics; acabas siendo uno de ellos y, entonces, todo estará perdido para ti .


El anterior párrafo es rico en fenómenos metaficcionales. En primer lugar, se observa perfectamente que el detective es un narrador dramatizado, quien constantemente le recuerda al lector que está presentando un trabajo ficcional. En esta interacción, el sujeto narrativo busca la colaboración y complicidad de un destinatario que no solo debe abordar la obra con una curiosidad parecida a la detectivesca, sino también y sobre todo debe penetrar en el mundo de esos seres imaginarios que se fabrican y que invaden la novela. Cabe afirmar entonces, que La otra selva invita al lector a concebir su lectura “como un compromiso creativo, como un espacio de participación y juego” , donde es posible conocer y vivir con los personajes, sus incertidumbres, derrotas, ambigüedades, cuestionamientos en torno a su existencia y al acto de crear otras realidades.

La obra nos presenta personajes derrotados que no lograron concretar sus proyectos de vida, y lo único que les queda para alivianar el peso de sus fracasos es refugiarse en la escritura. De esta forma, la palabra escrita se convierte en un elemento catártico y en el sentido de su existir. En ocasiones el espía revela y reconoce que la escritura lo ha salvado de los fantasmas del pasado. La escritura es “la última posibilidad para no morir del todo” .

Hay que señalar que en La otra selva, el énfasis de la Autoconciencia de Escritura recae en el narrador-espía, quien en la soledad de una habitación del Progress Hotel, recrea los hechos ocurridos en el año de 1928, época en el que fue contratado por Lesmes y otros políticos colombianos para perseguir y robar la novela La mancha negra que supuestamente escribió José Eustasio Rivera: “Ahora desde este momento en el Café Imperial, debía convertirse en un perseguidor de las historias de otro, en un cazador de palabras, en un espía a sueldo que debía robar lo que otro escribía” . En este mismo año ocurre la muerte del poeta, causada según las deducciones del espía, por una sobredosis de escopolamina. Las palabras cobran vida cuando el narrador-detective decide novelar estos acontecimientos y reconstruir la historia del crimen del poeta colombiano.

La tarea creativa del espía consiste en “La transformación de aquel material suministrado por su propia memoria en ese mundo objetivo hecho de palabras, que es una novela” . Es por eso que este narrador procesa y manipula sus recuerdos, vivencias y materiales biográficos sobre el poeta Rivera para forjar temáticamente y estructuralmente una pieza literaria que alcanza su autonomía total para “lograr entonces seducir a sus lectores y hacerles creer lo que les cuenta” .

Inevitablemente el espía a sueldo termina atrapado en esa otra selva creada de palabras. Fue la palabra escrita que lo llevó a “descifrar un relato que lo unió a la vida de otro hombre y lo llevó a escribir su propia versión de lo ocurrido” . Es entonces, cuando el narrador-detective siente que a través de la escritura puede crear otra realidad sobre la muerte de José Eustasio Rivera con quien compartió una relación de amistad y complicidad, y de igual modo puede modificar progresivamente los escritos del poeta, el destino de personajes como Arrieta y Alicia. En última instancia, y como lo explica Antonio Sobejano, los narradores que intervienen en las novelas metaficcionales terminan escribiendo “un texto creativo autónomo” . Dicha característica se ilustra en La otra selva cuando el narrador-espía reflexiona explícitamente sobre la escritura literaria:


Pensé: tú eres el escritor, tú manejas a los personajes, tú los haces entrar, salir, quedarse en silencio, confesar sus más oscuros propósitos. Tú no tienes por qué dejarte imponer el ritmo de los acontecimientos. Poco a poco siguiendo siempre las reglas de la tensión y el suspenso, debes ir entregando el material que ellos desean.


Creemos entonces que el detective cumple con una de las tareas del artista que según Mijail Bajtín es “Encontrar un enfoque esencial de la vida desde el exterior y crear una visión del mundo absolutamente nueva” . El narrador-espía lo logra proponiendo la construcción del universo ficticio, en el que están presentes elementos del género policíaco y Rivera como protagonista de su historia.

En La otra selva se presenta la relación directa que mantiene el narrador-espía con José Eustasio en Nueva york. A partir se su acercamiento con el escritor huilense, el espía va recreando y reconstruyendo las vivencias de Rivera en la urbe norteamericana; de ahí que él termina siendo un ser ficticio moldeado y matizado según los deseos y desvaríos imaginativos del detective que juega a inventar hechos desconocidos de la existencia del poeta, así como proponer nuevos rumbos de La mancha negra y La vorágine. Sin proponérselo el espía termina involucrado en esa novela negra que él mismo elabora. Así se lo hacer saber a los lectores: “Acabas metido en sus carnes…acabas siendo uno de ellos”, acaba siendo un ser imaginario.

Preocupado por la organización del relato, el espía se pregunta y expone algunos matices y procedimientos narrativos que le proporcionen a su obra una dimensión policíaca; por ejemplo, la investigación centrada no en la resolución del crimen de Rivera, sino en esa supuesta obra escrita por él, la escenificación o ambientación de espacios amplios y reducidos donde ocurren los hechos; las acciones y situaciones como la vigilancia y persecución al escritor colombiano, entre otros. En definitiva, en la voz del detective recae la presencia de comentarios autoconscientes sobre la narración policíaca. Al respecto, Hubert Pöppel nos aclara que uno de los rasgos de la novela policíaca contemporánea, es “el hecho de implementar gran variedad de mecanismos como la autorreflexividad y abordar como tema la escritura: en el caso extremo, o sea, la novela reflexiona constantemente sobre su constitución de ser texto literario y pertenecer o no al género policíaco” . Tal característica está presente en La otra selva de la siguiente manera:


Si quisiera seguir la línea de mi relato, la calle en que vivía el poeta debería poseer grandes árboles, adoquines lustrosos que brillaran bajo la luz de la luna o al impulso de la lluvia que caería en cualquier momento a la calle, además, debería permanecer solitario –sin molestos niños jugando en las aceras-: así, mi tarea estaría a la altura de las más estrictas exigencias del género” .


La función de este narrador como detective privado quedará relegada a un segundo plano, y él reconoce que su labor es ahora aventurarse a escribir una narración policíaca. De hecho y como lo indica Hubert Pöppel, en las novelas policíacas metaficcionales la reflexión sobre el acto de escribir “obtiene una importancia igual o mayor que la investigación” ; por tanto la investigación literaria que realiza el espía sobre la novela que estaría redactando José Eustasio Rivera, sirve como pretexto para empezar su trabajo creador. En sus reflexiones comenta que la forma policíaca ha sido el modelo idóneo para desarrollar su relato, y subraya algunas de las dificultades que enfrenta para materializarlo en hilos narrativos, en un tejido textual.

Dominado por la fuerza de la palabra literaria y el deseo de crear su novela, el narrador-espía anula y rechaza la idea de redactar documentos detallados sobre la rutina diaria del poeta. Esto se pone de manifiesto cuando recibe un trabajo elaborado por un profesor universitario quien analiza los personajes de La vorágine y a su autor desde un enfoque psicológico. Poco a poco el detective demuestra que ya no le interesa ser fiel a los hechos ocurridos, ya no interesa el estudio literario y el discurso histórico, ahora, importa insertarse en el plano de la ficción, interesa el placer que le produce jugar con el lenguaje, de hacer aflorar imágenes, “de echar a andar la máquina de la imaginación” .

En uno de sus comentarios reflexivos sobre su labor como escritor, este narrador indica que nutre su imaginación creadora con algunos hechos relacionados con su trabajo de espionaje, por ejemplo, la forma como se acercó y ganó la confianza de Rivera, se hizo su amigo, los sueños que compartieron sobre cómo llevar La Vorágine al cine, los motivos por los cuales se puso de su lado y la manera como reemplazó la novela del poeta por sus propios escritos para salvarle la vida. Pero desafortunadamente fracasa en su proyecto.

La solidaridad del espía con el poeta colombiano trasciende tanto, que como lo menciona, escribe trozos enteros de la obra titulada La mancha negra y de esta forma usurpa su lugar. Antonio Sobejano se refiere en este caso a las “Violaciones de Niveles Ontológicos”; el crítico español señala que este tipo de violación “ocurre cuando el autor o un ser perteneciente de la realidad empírica –el narrador o un personaje- traspasan los límites asignados en su nivel ontológico y se internan en otro plano de la realidad que no es el suyo” . Este recurso metaficcional, puede verse en “la representación que hace un personaje de un papel que no es el suyo, invistiendo su persona con los atributos de otro personaje” . El detective lo hace saber explícitamente:

El lector avisado podría suponer que Lesmes, el despreciable Lesmes, no es más que otra invención mía: así como me atreví a inventar trozos enteros de la novela que Rivera estaría escribiendo para poner en la picota a los prohombres de la patria, así como le vendí a mis patrones la idea de que las páginas que ellos recibían habían sido reemplazadas en los legajos del poeta por algunas de mi propia creación ¿no sería apenas lógico el que creara personajes que solo habrían existido en mi malsana imaginación? .

Estamos ante otra manifestación metaficcional que ilustra cómo el narrador-espía lleva a cabo una reinvención literaria de La vorágine. A este procedimiento, Jaime Alejandro Rodríguez lo denomina Trans-creación, entendida como “la facultad para producir un texto nuevo a partir de la lectura de un texto anterior que es modificado creativamente” . La incorporación paralela de algunos manuscritos literarios relacionados con una posible continuación de la obra de Rivera, y que son producto de la capacidad inventiva del detective, también viene acompañada de comentarios reflexivos, desde ahí se confirma que la historia de Alicia (personaje principal de La vorágine) está ya en marcha.

Para el narrador-espía, ser el continuador de las historias de otro, le brinda satisfacción y placer. Ese placer por la reescritura genera además la posibilidad de arruinar y burlarse de los planes de sus patrones, quienes desean acallar la voz crítica de Rivera. Así mismo, asistimos a un juego literario y de inteligencia para obtener la verosimilitud (requerida en toda novela) para lograr engañarlos:

…la mera posibilidad de que mis poderosos patrones pudieran ocuparse por los informes que yo les estaba preparando, me llenó de una perversa alegría: Ahora no seré tan sólo, su servidor –me dije- ahora ellos también estarán en mis manos; ahora les arruinaré sus noches con la horrible preocupación de que los escritos del poetica colombiano ése les puede dañar su magnífico pastel, su mejor inversión de los últimos años .


En sus reflexiones autoconscientes, este narrador asume una posición crítica frente a sus creaciones literarias, los textos novelísticos del poeta y los intentos fallidos de escritura artística de Manuel Lesmes. El espía así lo señala: “Lesmes tenía una gran, inmensa sucia novela en la cabeza. Solo que él nunca habría podido escribirla: su sintaxis la hubiera hecho ininteligible para cualquier ser humano capaz de leer en español” . Esta valoración realizada por el espía puede considerarse otro elemento metaficcional presente en La otra selva al incluir comentarios que se acercan a la crítica literaria.

En otro orden de ideas, el detective nos lleva a descubrir que la novela que él escribe la estamos leyendo nosotros (los lectores). De esta manera, se presenta el fenómeno metaficcional de “la doble productividad” , es decir, la integración y presentación de dos procesos: la escritura del texto literario y simultáneamente su lectura; además, se propone dentro de la misma obra mostrar que la creación literaria es un trabajo de investigación, reflexión, evaluación constante y ardua. A pesar del esfuerzo y de entregar su vida a la elaboración de la obra, el narrador-espía presiente que tal vez no la leerá nadie, pero sin importarle el destino de su novela, él reconoce que culminarla es una forma simbólica de liberarse de “las presencias que han estado atormentándome todos estos años” .

La Autoconciencia Narrativa también se revela a través de la existencia de la voz del poeta Rivera en la ficción. Viendo que no lograría realizar sus proyectos futuros (traducir al inglés La Vorágine y llevarla al cine), el escritor se entrega a la creación y hace saber la insatisfacción que le producen algunos de sus personajes.

La vida y muerte de esos seres imaginarios, “de rostros que entran y salen de la escena como los personajes de una inmensa obra de teatro” , dependen de su creador: es él quien tiene en sus manos su destino y quien los pone a jugar según sus reglas. Así se lo hace saber Rivera a personajes como Arrieta: “ya hay suficiente de ti en estos siete capítulos, ya te puedo dejar tranquilo, en tu lecho de derrota y humillación…Allí seguirás porque prefiero regresar al lugar en donde están mis verdaderos compañeros de aventuras.” Sin embargo, en ocasiones Rivera no puede tener el control definitivo y total sobre su propia escritura, porque como creador no es ajeno a esa sensación de estar al servicio de sus propias invenciones.

A medida que el poeta colombiano avanza en sus reflexiones, pone al descubierto la construcción física, psicológica, social e ideológica de su personaje Carlos Arrieta, de tal manera que su creador lo moldea según sus propósitos y deseos. En este sentido y retomando algunos planteamientos de Mijail Bajtín sobre las implicaciones de “Autor y personaje en la actividad estética” se puede afirmar que en la novela “el autor es el que da tono a todo detalle de su personaje, a cualquier rasgo suyo, a todo suceso de su vida, a todo acto suyo, a sus pensamientos; sentimientos” .

La actitud de Rivera frente a sus personajes es la manera como desahoga su rabia y desprecio hacia los políticos corruptos, quienes han logrado el descalabro social y político de la nación. Arrieta sería entonces el reflejo de esa realidad colombiana que el escritor quiere denunciar a través de la ficción. Sumado a esta intención, el narrador nos muestra la exploración de otras facetas, conflictos y ambigüedades que rodean el interior de un hombre como Carlos Arrieta. En la misma línea de la Autoconciencia, se aprecian las conflictivas relaciones entre creador y sus personajes. Con ellos se convive, se confrontan pensamientos y sentimientos al extremo de llegar a odiarlos o amarlos tanto, que el sentido de la vida de sus creadores depende de esos seres ficticios.

Cabe destacar que Rivera ofrece una fuerte dosis de comentarios autoconscientes, en el que refleja su obstinación como un creador que siente que a través de la escritura literaria puede denunciar la corrupción y la doble moral de algunos dirigentes del país; esto se lo hace saber al narrador- espía: “mi querido amigo, hay gente que le teme a la literatura cuando esta se atreve a decir la verdad” . En este sentido, por medio de la palabra escrita se filtra la conciencia del poeta colombiano. Una conciencia crítica, reformista y cuestionadora frente a la realidad social y política colombiana.

Sacando provecho a su aislamiento y como el más consumado de los artistas, Rivera se declara prisionero y esclavo de sus personajes, tanto así que ellos hablan a través de su voz: “…allí está mi destino: sin ellos no puedo seguir viviendo, sin mi estarán muertos para siempre. ¡Ah! ¿Es Alicia? ¿Quieres hablar a través de mí? Si, hazlo, continúa con tu voz, si, con tu voz. Yo solo escribiré, yo solo seré un mero vehículo de tu palabra, de tu mirada, de tu sentir…Ahora seré tu esclavo Alicia, ahora tan solo escribiré para ti” .

Obediente al llamado de su creador, y como si él fuera un instrumento para que su voz sea escuchada, Alicia se prepara para emprender una nueva aventura por la otra selva; la de la palabra escrita: “Hoy, por fin, decidí comenzar a escribir. Lo hago por las noches cuando los otros duermen y los ojos de Arturo no me pueden mirar con esa intensidad demente de los últimos días…” . Alicia hace saber el temor y miedo que todos experimentamos cuando por primera vez nos enfrentamos a la hoja en blanco pero consciente de su falta de experiencia en el ejercicio escritural, la narradora-personaje manifiesta los problemas y dificultades que enfrenta para realizar su narración. Sin embargo, desarrolla un texto íntimo y fluido en el que da a conocer su sentir como mujer, madre y autora de su propia historia, siendo así como genera catarsis. Sumado a estos elementos, se observa, la evolución y madurez adquirida por Alicia quien reflexiona en torno a los momentos duros sobrellevados en la selva colombiana y que han hecho de ella un ser humano fuerte y autónomo.

Un cuarto hilo narrativo que se deja atrapar en las mallas de la escritura es el de Miss Claire Weingest. Por medio de la palabra ella trata de recuperar su efímera historia de amor con el poeta colombiano. Es fundamental reflexionar en torno a cómo esta narradora termina alimentándose de sus vivencias y recuerdos para elaborar un texto que progresivamente se va acercando a lo literario. Muchas veces, señala Vargas Llosa, “el novelista está escarbando en su propia experiencia para inventar sus historias” . Lo anterior se aprecia con Claire, quien va moldeando y forjando su relato a partir del material que le suministran ciertos hechos y personas que marcaron su existencia:

… y sentada en el banco frente a Hudson, no sabes si él hizo realmente esa pregunta o si tú te las estás imaginando para hacer más fácil la narración, para aligerar tu tarea para no sentirte inferior a la historia que pretendes contar. Esa historia que te ha perseguido desde esa lejana tarde de mayo de 1928.


Con Miss Claire Weingest el ejercicio de la escritura, que se torna a veces nostálgico, se mezcla con el ejercicio de la memoria. No obstante su memoria la traiciona en el propósito de construir su relato: “Hay detalles físicos que te confunden, que te hacen dudar: ahora tus manos no son como tu crees que fueron las tuyas en aquellos días” . Derrotada por la vejez y la soledad, la traductora de Rivera enfrenta una última batalla con su memoria, con los recuerdos que no regresan nítidamente a su presente, resumido en horas dedicadas a la escritura de líneas incompletas.

En la puesta en práctica de sus reflexiones y en el desarrollo de su relato, Claire Weingest está escribiendo “La ficción de su vida y escribiéndose una vida en la ficción” ; en su narración se generan temas recurrentes, relacionados con la traducción fallida al inglés de la novela La vorágine, la desdicha de no haber compartido más tiempo con el poeta y finalmente su fracaso amoroso con él. En definitiva, en el texto de Miss Claire Weingest se destaca cómo “el tiempo de la escritura se desdobla en el rescate de un pasado que se recuerda y recrea en la imaginación” .

La escritura funciona como un espejo, así lo asume la traductora de Rivera. Ella desea mirarse y reflejarse a sí misma a través de su narración, en este acto de autoflagelación y autocontemplación, finalmente se impone el paso de los años y la imagen de una anciana que debe refugiarse en el recuerdo para darle algo de sentido a sus últimos días de vida.

Frente a esta gama de discursos autoconscientes que ofrece La otra selva, es necesario señalar tres conclusiones, producto del anterior análisis. La primera es que las Manifestaciones de la Autoconciencia Narrativa asumida por los cuatro narradores-personajes, demuestra que crear y escribir es un acto problemático y como tal, asedian miedos, incertidumbres, ambigüedades y cuestionamientos. Al plantear como preocupación central la reflexión en torno a la escritura, a través de elementos característicos del género policíaco, se puede decir que La otra selva se ubica dentro de las nuevas propuestas escriturales de novela policíaca colombiana que han implementado mecanismos narrativos y temáticos novedosos “(como la cuestión política, sociológica, psicológica y metaficcional)” , alejándose del esquema policial clásico que se orienta al enigma de un crimen resuelto finalmente por un detective. A su vez, La otra selva propone otra manera de concebir la lectura de la narrativa policíaca, en tanto que establece nexos con sus destinatarios por medio de la incorporación de comentarios autoconscientes.

Finalmente, tenemos varios mundos ficcionales en los cuales se despliega la Autoconciencia de Escritura. Por tanto, La otra selva nos transmite una visión de mundo: es la necesidad que tiene el ser humano de vivir cerca de la literatura, es la aventura de la creación, de la palabra escrita como posibilidad de refugio, catarsis, autoflagelación y liberación. También es un reconocimiento a la labor creativa de los autores, quienes se pierden en esas selvas inhóspitas de la imaginación y la escritura artística.

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