martes, 23 de febrero de 2010

UNA CANCIÓN SIN TERNURA (1980) DE CAMILO PEREZ SALAMANCA

Por: Miguel Ángel Cortés

Camilo Pérez Salamanca (China Alta, Vereda del municipio de Ibagué, 1949) es el autor de libros de cuentos Una Canción Sin Ternura publicado en 1980 por la Biblioteca de Autores Tolimenses. Esta obra, conformada por nueve narraciones cortas, se inscribe en el denominado cuento regional que, como lo afirma Eduardo Pachón Padilla, “Calca los diversos detalles, complejidades de una provincia determinada y examina ciertas reacciones espirituales de sus pobladores” . Aquí encontramos personajes de condición humilde y campesina que intentan realizar sus proyectos vitales en contextos rurales.

En Una Canción sin ternura se presentan las historias de personajes que comparten sueños frustrados, un devenir sin porvenir, una vida marcada por la desgracia y la derrota. Los personajes que recorren el libro, comparten y confrontan el no poder concretar o disfrutar sus ideales o proyectos de vida. En este sentido, el libro expresa una visión de mundo desesperanzada de la vida y del futuro.

Así se puede percibir en el cuento “Manos de Roca”, en el que se presenta la historia de Efraín, un campesino que se siente satisfecho por haber construido a pico y pala la carretera que comunica el poblado de Tierra Blanca con otros territorios del país. No obstante, la felicidad de Efraín es interrumpida porque al parecer se encuentra en Tierra blanca huyendo de las autoridades y ha sido denunciado por Rodolfo, con quien Efraín cerró un trato que consistía en abrir la carretera a cambio de protección. Al final, Efraín es traicionado por Rodolfo y en consecuencia es arrestado por la policía en esa carretera, donde Efraín terminó “empujando la derrota por las polvaredas de su propia desgracia construida a pico y pala” (13).

Esa condición desesperanzada de la vida, también se expresa en “El sueño del Crack”. Aquí se narra la historia de Otoniel Gandulfo quien dejó el campo para viajar hacia la ciudad y concretar su sueño de pertenecer a la institución deportista de Papelonga Futbol Club. Para lograr su proyecto de vida, Otoniel tiene que enfrentar y sobrellevar los abusos y el racismo de Memo Oswaldo Gareballi (director del club deportivo): “El aficionado, el fanático es el que paga el boleto, sostiene el club y los sueldos podrían pensar mal che, pibe, la prensa diría que estoy manchando la formación con negros” (39).

A pesar de las humillaciones y los atentados a su dignidad humana, Otoniel es contratado en el equipo de futbol, se convierte en el jugador estrella y el más costoso del país; de ahí que sea tratado como una mercancía que se puede prestar, permutar, vender o comprar.

En este sentido, “El sueño del Crack” expresa una noción instrumental del concepto del ser humano y deja entrever una de las características de las sociedades capitalistas: es el modelo de producción y la venta de la capacidad del trabajo a cambio de un salario que resulta insuficiente para poder sobrevivir dentro de una sociedad donde se explota al individuo. Al final, Otoniel es sometido a la esclavitud y la desilusión al no poder disfrutar sus triunfos como jugador de fútbol, es por eso que para él “todo se oscureció a su alrededor porque se había oscurecido la esperanza” (59).

Otras narraciones que se incluyen en Una Canción Sin Ternura son “Un recuerdo sin nombre”, “El sueño de Abelardo Hernández” “La cruz de oro es muy linda para un negro” “Dolly molinares”. En ellas aparecen ciclistas, boxeadores, obreros y candidatos políticos quienes asumen una condición desesperanzada de la vida y que sufren al no poder realizar o concretar sus sueños e ideales.

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