martes, 23 de febrero de 2010

TRINOS PARA SEMBRAR (1988) DE EUTIQUIO LEAL

Por: Miguel Cortés

Eutiquio Leal publicó en 1998 su libro Trinos para sembrar que se ubica en la denominada literatura infantil y juvenil. Es desde las mismas marcas paratextuales (ilustraciones) y architextulaes (cuentos para jóvenes) que es posible rastrear y leer el matiz que tomará la obra compuesta por cuatro narraciones, las cuales presentan las características de este tipo de literatura: “brevedad del texto, predominio de la acción, presencia de protagonistas infantiles y juveniles, el desarrollo argumentativo según estructuras lineales, un tono optimista, predominio de un lenguaje sencillo, el humor fino, la fantasía y la aventura”.

De acuerdo con Juan Cervera, el concepto de literatura infantil y juvenil ha de tener un papel integrador y selectivo. Y concreta que este matiz literario debe “integrar todas las manifestaciones y actitudes que tienen como base la palabra con finalidad artística o lúdica que interesen al niño” . La afirmación de Cervera se percibe en Trinos para sembrar porque no se restringe a la función didáctica o moralizante, sino que su lectura enriquece la fantasía, el sentido estético y reflexivo.

Trinos para sembrar reflexiona en torno a temas con los cuales se identifican los niños, como por ejemplo, la pérdida y muerte de su mascota favorita. Dicho conflicto se expresa en el cuento que se titula igual que el libro de Eutiquio Leal en el que se ofrece la historia de una niña llamada Cima de Nieve, quien se siente desconsolada y afligida por la muerte de su ruiseñor al que no desea enterrar porque según la niña “los muertos se entierran y nunca vuelven” (16)

Después de varios días de tristeza, Cima de Nieve decide sembrar al ruiseñor como una posibilidad para que el perdure y “florezcan mil ruiseñores como él” (17); mediante esta solución y gracias a la capacidad inventiva, Cima de Nieve hace renacer la esperanza y la existencia: “Deberíamos sembrarlo”, dijo la nieta, encendida. Y puso una hermosa cara de esperanza y júbilo…” (16). Con un plano narrativo sencillo y sin caer en el uso exagerado e inadecuado de aumentativos y diminutivos, Eutiquio Leal construye un cuento que ofrece problemáticas de la existencia humana como es afrontar la muerte de un ser amado.

Otros de los cuentos que sorprende por su dosis de fantasía, el humor fino y la expresividad de los personajes es “Papagayadas”. Aquí se presenta la riña o la discusión de una Guacamaya con una lora, las cuales viven prisioneras en el zoológico de Don Jorge. El conflicto de estas dos aves es porque se envidian mutuamente: la Guacamaya envidia a la prima lora porque su habla o lenguaje se parece al de todos los seres humanos, mientras la lora siente envidia de la guacamaya por su plumaje colorido y abundante. Después del alboroto propiciado por las dos aves, la guacamaya idea un plan para parecerse a la lora no solo en su habla sino en su apariencia exterior. Así que la guacamaya empieza a quitarse las plumas, dejando solo las de color verde, azules, rojas y amarillas; mientras tanto la lora recoge las más grandes plumas desechadas por la guacamaya y se las va acomodando en su cuerpo. Al final se dan cuenta que ambas son de la misma especie y se estrecharon jubilosas y solidarias.

El cuento “Papagayadas” presenta un lenguaje asequible para los niños y una situación simpática que parece imposible de creer, en este caso la disputa de las aves quienes acuden a la expresividad de la voz, los gestos y ademanes para lograr comunicar sus pensamientos y sentires. Tal como se evidencia con la guacamaya: “o-ye-pri-ma-pa-to-ja…tu-ha-bla-ras-pa-re-ci-do-a-don-jor-ge…pe-ro-nun-ca-se-ras-tan-vis-tos-saco-mo-yo…an-tes-del-des-plu-me…” (41).

El libro de cuentos se encuentra inmerso en el matiz de la literatura infantil y juvenil, suscita el interés del niño, mediante historias sencillas, un lenguaje idóneo y claro. A esto se le suman otras cualidades estéticas como el tratamiento sencillo, fantástico que se le da a las concepciones de mundo y las temáticas que nos permiten evocar nuevamente las experiencias, los recuerdos, la forma de sentir y vivir la vida en la infancia.

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